Me llamo Victoria, pero todos me llaman Vi. Provengo de un pueblecito de Cantabria, pero ya no vivo allí.
Como todo el mundo, yo también tengo un sueño, que comenzó cuando era muy pequeña, cuando tan solo tenía siete años. Yo vivía en una familia feliz, tenía dos hermanos, Silvia y Luis. Mis padres se querían mucho, pero por esa época comenzaron a discutir. Intentaban ocultar sus discusiones ante nosotros, pero, muchas noches, cuando nos íbamos a dormir los oíamos. Sus discusiones cada vez aumentaban más de tono… y al poco tiempo llegó el primer puñetazo… Todos teníamos tanto miedo…
De esta forma continuamos durante un año, hasta que padre la mató. Si mamá hubiera denunciado a padre, ahora seguiría viva, pero ella solo quería protegernos y eso fue lo que la mató…
Aún recuerdo el día en que la encontramos muerta. Era domingo. Silvia, Luis y yo nos habíamos levantado muy temprano para prepararle el desayuno a mamá y darle una sorpresa. Cuando abrimos la puerta de su habitación la encontramos tirada en el suelo, sobre un charco rojo. Yo no comprendía por qué mamá se encontraba en ese estado, ni tampoco por qué estaban las cortinas rotas o por qué había manchitas rojas por todas partes. Pero cuando a Silvia se le cayó la bandeja del desayuno y Luis comenzó a llorar lo comprendí todo. Tan solo pasaron segundos hasta que fui capaz de asimilar que pasaba, pero a mí me pareció que el mundo entero se paraba… Mamá ya se quedaría dormida para siempre…
Ninguno de los tres sabía ni que hacer ni que decir. Mamá ya no estaba y papá parecía haber huido después de acabar con mamá. Estábamos más solos que nunca. No teníamos a nadie con quien quedarnos, por tanto nos mandaron con distintas familias de acogida. Desde entonces no he vuelto a ver a mis hermanos.
Tengo entendido que a Silvia la mandaron a Madrid y a Luis a Valencia, yo sin embargo fui mandada a Andalucía, concretamente a Cádiz.
Pero antes de que yo conociera a mi nueva familia, tuve que pasar varias semanas en un centro de menores. Estas semanas fueron unas de las peores de mi vida. Por nada en el mundo volvería a pasar por lo mismo. Me sentía tan sola y tan vacía por dentro…
Mi situación era la siguiente: me encontraba sola, en un centro de menores donde no conocía a nadie; me habían separado de mis hermanos, mi madre yacía muerta y mi padre, al parecer era un asesino.
Por si fuera poco, mis compañeras de habitación no es que me hicieran sentirme mucho mejor. Parecía que ellas se divertían con mi sufrimiento. No me dejaban en paz. Yo era la más pequeña y ellas se aprovechaban de eso. Se adueñaban de cualquier cosa que fuera mía, llegaron, incluso a quitarme las únicas cosas que me quedaban de mi madre. Cada día, si es que quería comer, debía de pagarles con algo, para que ellas me devolvieran la bandeja de la comida. Las noches se las pasaban enteras hablando y con el cigarrillo en la boca, pero por suerte no tuve que esperar mucho hasta que una de las mujeres que dirigían el centro, se me acercara y me diera la buena noticia. ¡No me lo podía creer! ¡Por fin saldría de allí! ¡Por fin podría tener una nueva familia! No sabía que esperar, ¡Tenía tantas preguntas en la cabeza! Pero no tuve mucho tiempo para pensar cómo sería mi familia o si me querrían o no. A la mañana siguiente, la misma mujer que el día anterior me avisó de mi traslado, cogió todas mis cosas y las metió en el maletero de un Volkswagen. Era una mujer alta y delgada. Su cabello, a pesar de que ella no aparentaba ser demasiado mayor, era totalmente blanco. Sus ojos eran de un color verde muy afable, pero me dio la impresión de que algo en su mirada pedía ayuda a gritos, la verdad es que nunca olvidaré unos ojos como esos… Con la misma gélida voz con la que me habló el día anterior, me invitó a subir al coche. Enseguida empezamos a avanzar y a acercarnos a mi nueva vida. En el coche todo era silencio, ninguna de las dos sentía la necesidad de decirle nada a la otra, hasta que las dudas volvieron a asaltar mi cabeza. No estaba del todo segura de que la mujer que tenia al lado supiera algo sobre mi nueva familia, pero al fin y al cabo no perdía nada al intentarlo. Estaba ya dispuesta a articular mi primera palabra, cuando ella se me adelantó. Como si hubiera adivinado lo que había estado pensando durante todo este rato, empezó a hablarme de mi nueva familia. Me dijo que había sido adoptada por una joven pareja de músicos. Estos, al parecer no podían tener hijos y optaron por la adopción. Eran de Sevilla, pero la vida agitada que llevaban los dos en la ciudad les llevó a tomar la decisión de marcharse a vivir a un lugar más tranquilo. Mi nuevo hogar recibía el nombre de Grazalema, un pequeño pueblo perdido en la Sierra de su mismo nombre. No pudo proporcionarme más datos acerca de mi familia, pero lo que me había dicho me fue suficiente para estar dándole a la cabeza vueltas durante el resto del viaje.
Conforme nos íbamos acercando más a mi nuevo destino, el paisaje se hacia cada vez más y más verde. El día era totalmente soleado y corría una agradable brisa. A pesar de que el viaje estaba siendo bastante largo, algo dentro de mi me decía que no me arrepentiría. Por fin, a lo lejos, pudimos atisbar el pequeño pueblo de casitas blancas donde pasaría mucho tiempo en los siguientes años. No paraba de mirar a los alrededores mientras cruzábamos las calles de Grazalema. Todas, absolutamente todas las casas eran blancas, yo no paraba de preguntarme cual sería la mía. En las calles los niños jugaban a la pelota, a la rayuela, a la comba… Me moría de ganas de salir a la calle y estar allí con ellos, ¡hacia tanto tiempo que ya no jugaba!
Simplemente me ha gustado mucho. Me gustaría saber cómo sigues esta historia y que sepas que tienes una lectora ya :3
ResponderEliminarAvísame cuando subas nuevos capítulos.
Un beso!!
Hola soy Mer,
Eliminarla escritora de este libro.
Me alegro que te haya gustado leer este primer
capítulo y el prefacio.
Ya estoy con el segundo capítulo, asique ya mismo
estará x aquí.
Gracias x leerme.
Esta tarde seguramente ya estará subido el segundo capítulo
1besico